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Carlos Herrera Raposo; el jugador de fútbol más caradura del mundo

Al Brasileño Carlos Henrique Raposo, hoy con 58 años, aún se le recuerda con apelativos como "el futbolista más mentiroso del mundo" o "el mayor caradura del fútbol" o sencillamente el caso más sub-realista de la historia del fútbol profesional.

Todo empezó cuando a los 23 años conoció al futbolista icono del Botafogo Mauricio De Oliveira del que terminó haciéndose muy amigo. Carlos le pidió a Oliveira que intercediera por el ante el club para que le hicieran un contrato profesional. Milagrosamente el club aceptó contratarlo ya que venía recomendado por una estrella como Oliveira.

Corría el año 1986 y Carlos Henrique ya era jugador profesional del Botafogo, sin embargo no llegó a jugar ni un solo partido. Nada más firmar su contrato fingió una lesión. Ya retirado, revela la estrategia que usaba "fingía un falso tirón en el muslo y como en esa época no había resonancia magnética para confirmar la lesión terminaba colando. Si había dudas recurría a un amigo médico que le hacía un certificado que luego presentaba al club"

Pero la farsa no podía durar mucho tiempo o se terminaría dando cuenta, así que lo que Carlos buscaba era permanecer en un club un máximo de 3 a 6 meses, hasta que el club se hartaba y terminaba traspasándolo a otros club no sin antes cobrar la totalidad del contrato.

De esta manera Carlos firma por el Flamengo, un histórico de la liga brasileña al que llegó gracias a su amistad con Renato Gaucho. Utilizó la misma estrategia, Fingía calambres, contracturas y todo tipo de lesiones para terminar viendo los entrenamientos desde la caseta.

A veces incluso recurría a sus propios compañeros a quienes pedía que le dieran una buena patada que lo dejara fuera de combate durante un tiempo.

También sabía ganarse a la prensa concediendo largas entrevistas, les caía bien y el mismo reconoce que a veces les pagaba para que hicieran reportajes alagando sus “virtudes” con el balón. Solían presentarle como una “estrella” sin suerte con las lesiones.

Gracias a esta ayuda de buena imagen, de talento por explotar, pudo ser traspasado al Puebla de Méjico antes de que en Brasil terminaran levantando sospechas. Por la época era muy difícil encontrar información y noticias sobre jugadores ya que aún no existía internet y apenas se hacían informes técnicos como hoy día.

Así luce Carlos Henrique hoy

No jugó ni un solo encuentro en el club mejicano y el club se deshizo de el traspasándolo al Patriots de Estados Unidos "los clubs se alegraban 2 veces, cuando me fichaban y cuando me traspasaban" bromea Carlos.

Y de esta manera pasó por el Ajaccio de Francia, Bangú de Brasil, América, Vasco de Gama y Fluminense.

Pero si una cosa positiva tenía Carlos es que creaba muy buen ambiente en el vestuario y pocos jugadores de la época tienen una mala palabra contra el. Era simplemente un buen tipo que le echaba mucho morro a la vida y de esta manera logró ganar una pequeña fortuna en el mundo del fútbol sin jugar un solo partido.

Anécdotas

Son muchas las anécdotas de Carlos en sus 20 años de "carrera profesional" pero sin una de las más cómicas fue cuando llegó al  Ajaccio de Francia donde fue recibido como una auténtica estrella gracias, entre otras cosas, a los muchos amigos periodistas y jugadores que bien por ayudarlo o bien por cachondeo hablaban maravillas sobre el.

En su primer entrenamiento las gradas estaban llenas de público coreando su nombre y a sabiendas que no colaría fingir una lesión en ese momento se dedicó a tirar balones a la grada, a saludar al público, a besar el escudo de su camiseta y a saludar a todo el mundo.

En el primer partido no tuvo más remedio que debutar pero en los primero minutos fingió un tirón en el muslo, el entrenador le preguntó si quería se cambiado y el contestó que no, eso hizo que el público aún se enamorara más de el ya que a pesar de su "evidente" lesión mostraba un pundonor y un amor por su recién estrenada nueva camiseta digno de elogio.

Así pasó 20 minutos en el campo, con una cojera fingida y sin llegar a ningún balón hasta que el entrenador decidió cambiarlo y salió del campo en medio de una estruendoso ovación. Ese día, según comentó Carlos después, sintió lo que nunca había sentido hasta ese momento, el calor y cariño de la afición.

Otra anécdota divertida es cuando fichó por un equipo de cuyo presidente tenía fama de mafioso y de estar vinculado al mundo del narcotráfico. Carlos sabía que no iba a ser nada fácil fingir una lesión en sus primeros días en el equipo y fue convocado para su primer partido pero no como titular, saldría desde el banquillo. En un momento dado el entrenador lo mandó a calentar y le dijo que se preparara porque iba a debutar.

Carlos entre nervioso y asustado comenzó a realizar su calentamiento trotando suavemente al borde del campo mientras observaba como desde la grada los aficionados rivales le gritaban e insultaban. Esta es la mía, pensó Carlos y saltó a la grada y comenzó a pelearse con los espectadores. Lógicamente fue expulsado y consiguió su objetivo de no jugar.

Ya en el vestuario, el presidente baja para recriminarle su actuación pero Carlos se adelanta y le dice así "Presi, ya se que he hecho mal pero yo no tengo padre y para mi ahora usted es como mi padre, el tipo como el que me peleé no paraba de decirme que usted era un mafioso y un narcotraficante, yo no podía permitir que insultaran a los miembros de mi familia"

El presidente no solo le perdonó sino que ordenó que aumentaran su salario..

La vida de Carlos fue llevada al cine a través de un documental del directo ingles Louis Myles  titulado " THE GREATEST FOOBALLER NEVER TO PLAY FOOTBALL"

Carlos era apodado como el Kaiser por su parecido con el futbolista alemán Franz Beckenbauer, también apodado el kaiser cuyo significado es emperador.  Se le denominaba así por su elegancia y autoridad en el campo (todo los contrario que nuestro amigo Carlos)

 

 

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